Respiro en la bruma boscosa
husmeando la señal
cubierto
por cielo boreal.
Jardines congelados, abandonados
en cadenas irremediables
sucesos indomables
heridas indeseables,
inundando un tramo
de camino interminable.
Un camino que en un minuto
fue el epílogo y el fin,
más mi pelaje
todavía cubría
reminiscencia
y mi escencia.
No podía morir.
Y el sendero
de abismante ártico
volvía a ser cálido,
romántico
en que la hierba y la flora,
sus raíces
y tierra sonora
recostaban en su firmamento,
abrazando el momento
a la bestia sombría
y la incandescencia solitaria.
A tu luz
me hago presente
a mi vida
eres omnisciente.
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